Columna invitada

Aventuras del Mantarraya

Después de aprovechar una visita laboral a Matamoros, Tamaulipas, el pasado viernes arreglamos una escapadita para recorrer algunos kilómetros más y visitar por un fin de semana las playas del poblado de La Pesca, Tamaulipas, ubicado frente al Golfo de México. Sus playas de amplia aceptación turística nos reciben con los brazos abiertos, sus habitantes acostumbrados a contar con turismo durante las cuatro estaciones del año de inmediato nos abordan, poniendo a nuestro alcance habitaciones, bungalós y suites para nuestra mejor estadía. Después de rentar una modesta cabaña a muy buen costo, los pescadores de la cooperativa nos contactan para invitarnos a vivir la pesca dentro de la Laguna Madre, donde se pueden obtener capturas como bagre y truchas o en mar abierto, donde la captura del barrilete y huachinango están clasificadas como las mejores de la región, precisamente es esta época del año.

Época marcada por temporales de viento y oleaje moderado, que arrastran “cril” (alimento microscópico) y lo arrinconan en grandes cantidades sobre los arrecifes de la región y justo en esos arrecifes cargados de vida marina es donde los peces de mayor tamaño suelen frecuentar para alimentarse y es fácil encontrar curbinas de tres y cuatro kilos de peso, son medidas estándar en estos lugares.

Después de preparar nuestros equipos de pesca (cañas de casteo, con señuelos artificiales), nos dirigimos bajo la compañía de Fermín (pescador de la región) en calidad de guía de pesca, quien nos coloca frente al malecón de piedra, donde justo al caer la tarde, la marea sube un poco alimentando la Laguna Madre con agua del mar; esta subida de nivel también arrastra alimento a esta área y por supuesto los peces suelen visitarla colocándolo como el principal punto que reúne a docenas de pescadores a esa hora.

Después de iniciar nuestros lances las primeras que caen en el engaño son manchas de lisas, su alto grado de espinas y poca carne las mantiene como las preferidas para usarse de carnada en horas nocturnas, así que donamos nuestras capturas con ese fin; sin dejar de realizar lanzamientos buscamos las áreas más profundas del remanso.

Ya avanzada la tarde, con los niveles de marea, alcanzaron sus picos más altos y de inmediato las manchas de curbinas se hicieron notar, atacando a bancos de peces más pequeños, provocando alboroto en la superficie del agua, bastaba con lanzar nuestros señuelos dentro de esas manchas para sentir un potente mordisco, de inmediato los peces al morder el anzuelo salían nadando en dirección opuesta con un peso promedio de cuatro kilos.

Su potencia de nado doblaba las cañas formando un arco impresionante, era necesario utilizar el freno del carrete y la fuerza de ambos brazos para controlar su escape y trabajar más de 10 minutos con la caña para doblegar su coraje antes de arrimarlos a la orilla; después de lograr un par de capturas cada quien, cosa que nos dejó exhaustos, fue fácil notar los altos grados de oxígeno del agua del mar, este factor multiplica la fortaleza de estos bichos y elevan este tipo de pesca a niveles extremos. Cuéntame tu historia, tu ya conoces la mía…

viajesdepesca@hotmail.com. (Publicado en El Mañana, de Nuevo Laredo)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s